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¡Hola!

Te propongo un juego…

Mira estas dos figuras que te muestro a continuación y déjame en los comentarios tu opinión:

¿Cuál de las líneas de la derecha crees que es igual que la de la izquierda?

¿Dirías que te equivocas a menudo?

Respondas lo que respondas, seguramente te equivoques.

Esto es precisamente lo que trata de demostrarnos Kathryn Schulz en el libro que me gustaría recomendaros hoy. Se titula En defensa del error. En él, Shulz explica que, más a menudo de lo que parecería aceptable, preferimos no reconocer que estamos equivocados. Buscamos justificaciones a nuestros errores, a pesar de que en realidad pueden servirnos como estímulo creativo y personal.

Y es que lo peor de cometer errores no es que no estemos dispuestos a reconocer nuestros fallos.

Ni siquiera que metamos la pata continuamente…

Lo peor de todo es que, como dice la propia autora en esta charla TED, más a menudo de lo que creemos, ni siquiera somos conscientes de que nos hemos equivocado.

OK, pero ¿por qué nos equivocamos…?

Son múltiples los factores que intervienen en hacer de los seres humanos probablemente los animales más falibles del planeta:

  • Las percepciones del mundo que obtenemos a través de nuestros sentidos suelen ser imprecisas, cuando no completamente incorrectas…
  • Los sesgos de todo tipo también son muy traicioneros…
  • Nos subimos con facilidad al carro de lo que opina nuestro entorno…
  • Y tanto la gente que piensa igual que tú, como la que opina de una forma radicalmente opuesta, suele reforzar tus creencias.

¿No me crees?

¿Piensas que me equivoco…?

Volvamos de nuevo al gráfico con el que hemos arrancando el artículo de hoy. Forma parte de un famosísimo experimento llevado a cabo por el prestigioso psicólogo social Solomon Asch. En él, se demostró que la presión social sobre las personas puede inducirlas voluntariamente al error.

Cada uno de los participantes visulizaba una tarjeta como las que has visto tú. Y, al igual que a ti, se le solicitaba que indicara cuál de las líneas numeradas coincidía con la mostrada en la izquierda. Al principio, el participante se sentía muy confiado, en la medida que daba respuestas correctas que coincidían con las del resto de participantes.

Pero luego, una serie de “participantes gancho”, ubicados en frente del sujeto, comenzaron a dar en conjunto una respuesta errónea. Todos la misma, en contra de lo que expresaban los participantes que no estaban conchavados. Solomon Asch pensaba que la mayoría de las personas no se conformaría con algo obviamente erróneo. Pero los resultados mostraron que un alto número de participantes se avinieron a dar la respuesta incorrecta con tal de no “desentonar”.

A lo mejor te parece evidente que es la número 3. Pero si el resto de la sala (o de los comentarios, compinchados con Asch) dice que es la 2, probablemente dudarías. De hecho, el 75% de los participantes dio una respuesta errónea cuando se vieron influidos por el grupo.

¿Qué hacías cuando cayeron las Torres Gemelas?

Este es uno de los capítulos que más me gustan de la serie británica Black Mirror. Aquel en el que los protagonistas almacenan sus recuerdos en una especie de cámara de vídeo que llevan instalada en uno de sus lóbulos parietales.

Probablemente tú también tienes la sensación de que tu memoria funciona de un modo similar a una grabadora de vídeo. Pero también te equivocas. Porque, no sólo olvidamos mucho y a menudo; también reconstruimos y hasta nos inventamos lo sucedido cuando nos falta información.

¿Te pongo un ejemplo…? Los experimentos llevados a cabo por el de Ulric Neisser. Demuestran que probablemente no recuerdes qué estabas haciendo cuando fueron derribadas las Torres Gemelas de Wall Street.

De hecho, cuando el transbordador espacial Challenger explotó en 1986, Neisser preguntó a sus estudiantes el día después qué estaban haciendo cuando se enteraron. Tres años más tarde volvió a preguntarles y cuál no sería su sorpresa cuando ¡menos del 7% de las segundas respuestas eran iguales que las primeras! ¡Sólo 7 personas de cada 100 respondían de la misma manera tres años después del fatal accidente!

Superar el miedo al error

Cuando alguien nos pone en evidencia. Cuando nos demuestran que nos hemos equivocado, es lógico que nos sintamos incómodos. Del mismo modo, si alguien nos lleva la contraria, nuestra primera reacción es enrocarnos y defender a capa y espada nuestras ideas.

Y eso a pesar de que las consecuencias de nuestras equivocaciones, si no las reconocemos y nos esforzamos por enmendarlos, podrían llegar a ser trágicas. Según recoge la propia Kathryn Schulz en su libro, entre 44.000 y 98.000 pacientes mueren cada año en Estados Unidos a causa de los errores médicos.

En Consulta Sergio Saiz coincidimos con Kathryn Schulz cuando te decimos que:

dudar acerca de nuestras certezas impulsa la curiosidad, la posibilidad y el asombro.

Cuando advertimos y reconocemos nuestras equivocaciones y las explicamos, en lugar de justificarlas, asimilamos más información. No sólo sobre la cuestión en la que hemos errado. También aprendemos más sobre nosotros mismos. Además, ser conscientes de nuestros errores nos impulsa a valorar positivamente otros puntos de vista. Así como a considerar que otra persona puede tener razón.

Reconocer tu error puede salvarte la vida

Como comentábamos recientemente en otro artículo del blog, hay errores que pueden salvarte literalmente la vida. Por lo que reconocer nuestros fallos es, sin duda, la mejor oportunidad que tenemos para optar a una versión mejorada de nosotros mismos.

¿Sabes por qué hay personas que consiguen lo que se proponen y otras que no…?

Porque las primeras disponen de una información que no tienen las segundas. Parece sensato, ¿no es así? Pues has de saber que está en tu mano entrar a formar parte de ese grupo exclusivo de personas que cuentan con ese plus de información. Al igual que a ellos, esto te posibilitará alcanzar todos aquellos objetivos que se fijes en tu vida.

¿Quieres saber qué es lo que necesitas para formar parte de esa Champions League…?

Lo único que te falta es HUMILDAD para reconocer que puedes estar equivocada/o, reconocer que ignoras la respuesta correcta y preguntársela a los que sí saben. De tan sencillo parece ridículo, pero esto es exactamente así.

¿Crees que Lorena habría conseguido su sueño si no hubiese sido humilde…?

¿Crees que Reyes, Alberto, Mercedes, Roberto, María José o Paco, entre otros muchos, habrían alcanzado sus propósitos si no se hubiesen dejado aconsejar…?

¿Por qué no haces como Lorena y confías en nosotros para mostrarte el camino hacia el éxito?

Acabamos de conseguir las mejores condiciones de la historia para que puedas inscribirte sin problemas en el nuevo Programa Transfórmate y Brilla.

Unas condiciones nunca antes vistas.

 

Infórmate pinchando en este enlace y no te quedes sin aprender de tus propios errores.

¡Te va la vida en ello!

Un saludo cargado de los mejores deseos de tu amigo, mentor y gurú de Vida Saludable.

INVIERTE EN TI, CRECE CONMIGO.

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